Una

Yo soy tantas que me olvido
ya del número que roza
cantidades industriales
de versiones de mí misma.

Soy la niña que empujaba
sus inventos por las cuestas
cuya inclinación perfecta
era suficiente para seguir soñando.

Soy la chica que confió
demasiado en las circunstancias
y siguió creyendo,
y se levantó con fuerza
para que volvieran a engañarla,
pero esta vez a la cara.

Soy la madre que barre calma y migas,
que juega y que se aburre,
que no puede más y carga
otras versiones de otros
con tanto amor que casi duele.

Fui, versión antigua,
una persona en escala de grises depurados
que pensó que así las cosas
no iban a cogerla de imbécil:
mejor vivir rodeada de ceros
que pensar que de ahí
se podía obtener algo.

Soy una mujer, más o menos,
que sonríe porque piensa
que mejor así. Que abre los brazos
si quieres saber
qué hay dentro de ella.
Y el número de invitados
ni rebosa, ni molesta.

Soy la alegría y lo volcánico,
soy la tristeza cuando no hay respuesta
y siempre la esperanza despierta
de saber que habrá alguna versión mía
buscándome en la puerta.

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