Liberty 125

Será color rojo cereza y la llevaré despacio
para que mi madre no sufra
y para probar eso de no ir alocada
todo el rato.

O quizá será roja sin más, o azul,
como algunos pájaros despistados
volando de un lado a otro del mundo.

Hará ruido para que no se oigan
ni mis gritos ni mis lágrimas.

No me llevará lejos, lo suficiente
para encontrarme con lo mejor que yo tengo
que son las personas
aquí leyendo,
acá escuchando.

Por encima del tráfico sonarán los Sonics,
eso ni se duda.
Y cuando duerma, Sally tendrá que esperar.

Me dará miedo, por supuesto,
porque a las cosas bonitas
como seguir viviendo mañana
hay que tenerlas respeto.

Será color rojo cereza.
No será la mejor moto del mundo.
Y será mía
y de quien quiera ir conmigo.

Haces

Mi hijo hace haces
de palitos que se encuentra.
Va dejando montones
de ramitas muertas en su vida
como viejos amigos que un día crecieron,
como nuevos retos que esperan su lugar.

No es leña, ni es casa de cerdito,
ni vale para nada,
ni falta que le hace.

Porque si el niño hace haces
lo necesario es siempre
que no tenga utilidad alguna.

Hablar de todo

Quiero hablar de todo,
saber el tercer apellido de su madre,
entender cómo coloca las manos
para hacer cualquier cosa cotidiana.

Quiero hablar de todo,
conocer el recóndito misterio de sus huellas,
el nudo en la garganta cuando surge,
el miedo que yo limpio si me deja.

Quiero hablar de todo,
de los fuegos artificiales de las fiestas en agosto,
de la colisión de los astros y los coches,
de veinticuatro horas aburridas.

Quiero hablar de todo,
de las guardas de los libros,
de lo moderno que nos atropella,
de lo antiguo que nos arropa.

Quiero hablar de absolutamente todo.
Gastar todas las palabras.
Que nos encarcelen por forzar conversaciones.
Que después de hablar de todo
todo pierda su sentido
y podamos empezar
a hablar también de nada.

Los viejos valores

Yo también he tenido miedo
de eso que no encuentro y que me encuentra.
Yo tampoco sé quién soy
y me abate la duda y me puede a veces la pregunta.
Dame la mano, es casi una orden,
dame la mano no porque te quiera o tú me quieras.
Dame la mano porque este viaje puedo hacerlo sola, faltaría.
Pero en este caso, en este papel y en este sistema
no me da la gana que no estemos
un poco cerca, un poco sanos,
un poco, mira bien lo que te digo,
un poco alegres.

Los ojos de Darío

Separados por treinta años
Gloria y Darío son el mismo niño.
Ríen con el mismo cascabel y en cascada
y sus ojos giran con cada repiqueteo.

Pierden la cuenta de los golpes
aunque su piel recuerda,
Darío cura rápido,
Gloria un poco más lenta.

Darío habla muy claro
y Gloria escucha atenta
para comprender las cláusulas de sus contratos
y negociar lo que pueda.

Gloria y Darío se entienden
con perfecta terquedad:
no discuten, se obstinan.

Separados por treinta años
Darío y Gloria son amigos
y Gloria perdona todo y aún espera
que sus ojos sigan verdes
como los de las mujeres
donde ella persevera.
No para comprender la geografía y la historia,
sino la brecha,
separadas por treinta años también ellas.

Oleaje

Veo la ventana abierta.
Veo luces.
Veo que quiero entrar y entro.
Veo que me esperas.
Veo que hay palabras en la mesa.
Veo que quieres que hable y hablas.
Saco lo que puedo y lo que tengo.
Te doy promesas. No las entiendes.
Te doy razones. Empiezas a escuchar ahora.

Tienes mis datos.
Coges mis manos. Las apresas
en tu corazón abierto.

Y pongo una pared entre mi agua y tu arena.

La cárcel y la cadena
no eran para que tú no vinieras.
Fueron, sobre todo,
para contener a este mar de fondo
que llevo en la cabeza.

Labrys

El miedo no era el problema,
aunque se empeñaran en que lo quemaras
ya en hoguera de San Juan,
ya en las cráteras llenas de vino dedicadas a los dioses.

El miedo nunca fue el problema que te hirió.
El miedo tuvo su misterio y su alma.
Su hueco, su vano, su relieve y su bulto.
Un cuerpo de peso
con quien bailas o lloras.

Pero no fue el miedo,
no te engañes,
no te engañen.

Fue el descanso y la hipnosis,
fue el silencio y la mentira,
la enredadera y la sombra
lo que te paró los pies
con su hacha de doble filo.

Cada mañana

Estaré sentada para siempre
en el banco donde puedas encontrarme
tú y otros cien mil que quieran verme, yo
soy de todos, tuya, de nadie,
sobre todo
mía y de mis esferas oculares.

No podrás, no podrías
pararme aunque quisieras, piensa
que estoy aquí, atenta, alerta,
preguntándome por ti
cada mañana.

Exposición

No eres dolor, ni clavo, ni cruz.
Eres tú, de vida entero.
No hay metáfora, escondite, ni pasillo.
Eres un humano, imperfecto y querido.
No resistas.
Olvida bombardeos, fuegos, humos,
siéntate y hablemos.
Y dilo como quieras. O calla. No hace falta
ni una ni media palabra. Todo sale.
Y no siempre es luz reflejando el oro,
no siempre será un bosque fresco y hojarasca.
Pero la vida trae esos riesgos:
conocerse a uno mismo
es pura belleza y miedo.

Casi todo

gas gloria gil

Decidles que he salido,
que el veneno ya no me hace efecto,
que me río de mí más alto que me insulto,
que tengo la urgencia sobrevalorada.
Y que no sé a qué se refieren,
que no me importa no pensar en nada
o tener la lengua muerta
porque en el silencio
se oyen pensamientos en octanos,
pero he abandonado
casi todo líquido inflamable.

Milagro

Qué error dejarles,
no haber podido abrazarte cuando fue necesario.
No era odio, ni era amor,
sino algo más fuerte, otra cosa
explotando en el universo,
todo fue una carrera hasta tus brazos,
¿me recibirás con ellos abiertos o cerrados?

Comprendo con algo más interno que el corazón
lo que viene ahora.
Puedo soportarlo,
se hará y será perfecto
en un mundo más pequeño
no necesariamente oscuro,
¿tendré lugar en él,
también estarás?

Vamos a buscarnos.
Y en este paseo sucederá el milagro.

Receta

Las materias primas que quieras
van a poder transformarse
pero solo con calor
parece que funciona.

El hielo pacífico espera,
pero solo es la lumbre quien cambia
el miedo, el rencor, lo improbable
a otro elemento.

Y aquí estoy,
rodeada de todo lo nuevo,
cada vez más cerca de saber
cómo voy a hacer esto
de la cocina a fuego lento.

Trazo iluminado

Son las cosas más fuertes que he tomado
en estas últimas cien vidas
las que suponen en mi mundo
unas grietas muy sutiles y temibles.

Todos mis dolores eran centro
y no pensaba casi en nada,
me aburría mortalmente mientras solucionaba
tonterías importantes.

Y voló un nombre para hacerme pensar planos,
esos que se huían de mi casa.

Y así las cosas, sin quemarme,
pude seguir un trazo iluminado.

Bailar

Las perlas, el ámbar
son barro, tierra, cuerpos.
Pero tú, yo, cien almas juntas,
eso existe como el aire y el alimento.

Me acostumbré a ser isla
y allí las plantas crecen diferente
(pero hay canguros y volcanes,
¿no merece la pena?).
Y podemos brillar.

¿Quieres estudiar conmigo?
Habrá mapas, bosques, dunas,
perderemos la paciencia, saldrán gritos,
presentaremos nuestros respetos,
jugarán las mariposas.

Mis ojitos infantiles

Tengo siete años y una sabiduría
derrochante y excesiva sin sus cauces.
Subo la escalera dos veces
antes de marchar a casa. Mi padre
me ha permitido ir de nuevo
y me acompaña.
Y lo veo.
Todas las figuras me son semejantes,
aquí no hay pequeños ni grandes.
Humanos de ojos atentos preguntando,
pidiendo,
desconociendo…
Tal vez sepan que también dejarán de ser algún día,
como yo aún no lo sé, aunque lo intuya.
Y el misterio,
aquel que mi cuerpito cansado sabe ver,
las motas de polvo pintadas en luz.
Y el silencio, haya el ruido que haya,
es tal en mi cabeza
que escucho susurrar y hasta soñar
a ese juego de ajedrez bien orquestado.
Enorme. Elevado. Pesado.
Y no digo nada más en todo el día,
pero vayan mis ojitos infantiles
hasta los pies de Las Meninas.

Mejor

Voy a cuidar tu descanso,
voy a ser también silencio.
Quiero tener tu voz propia
sin buscarla en la tiniebla.

Yo soy tan arcoiris como tormenta,
pero voy a cuidar tu piel, tu casa, tu sueño.
Pasaré de puntillas por donde seas centro,
vigilaré en la distancia y no más valles.

Dejaré que la paz llegue a tu puerta
sin decir ni una palabra
y estaré despierta.

Quitaré a cada frase mil letras,
crearé la ley de pureza
y te daré solo lo que haga que crezca
esta situación ni éxito ni derrumbe.

Interior

Ha sido un camino corto
comparado con el dolor soportado.
Gracias a quien me dio la mano
y sufrió conmigo las cargas.
Pero esto es una cosa mía
conmigo misma y mi sombra
que a veces finge ser yo
y usurpa mi trono y mi reino.

Voy a concentrarme
en tres o cuatro cosas,
serán suficientes,
serán respetables
y habrá una base
para edificar armisticios.

Tumbada sobre hierba
la tierra me palpita,
me quiere para ella
y no discuto.

Ábreme la puerta, Gloria,
porque vuelvo a casa.

Puntos de sutura

Tratar conmigo
no va a llenarte de certezas,
de afirmaciones claras,
de noches de sueño plácido.

Hacer conmigo negocios
no te saldrá caro,
pero no te dejará sensación de opulencia y calma.

Yo, que ni sé si mañana tendré esta misma cara,
no puedo ofrecer un producto empaquetado y etiquetado.

Si cambio de nombre,
no por maldad, no por veleta,
sino porque me es imposible ejercerlo de forma sincera
más de unos cuantos días.

Y si temes no saber
quién estará tras la puerta
no debes preocuparte:
siempre soy yo
de diferentes partes hecha
y tan bien mezclada
que apenas verás
los puntos de sutura.

Niebla

Y finalmente, sí,
entre la espesura de los pensamientos
aparecen enredadas tantas cosas
que me cuesta urdir el plan o la estrategia,
la buena acción del día,
el cambio amable que será camino.

Y a pesar de ver las rocas en la orilla,
de saber que destrozarán el barco,
de tener por cierta la amenaza,
no puedo sino seguir maravillas
que me encuentro entre las aguas turbulentas.

Pero también, sí,
sabemos que la oscuridad en un faro
dura solo hasta la próxima vuelta.

Corredores de fondo

Se necesitaron algunas cosas
para volverte a la vida.
La conjunción de los astros
el año que me salvé del desastre.
Un eclipse de tormento
que crucé de puntillas.
Una idea que te cruza mientras dices “y si…”
Un dolor en el pecho mientras bebo té y espero.
Que la vida se abriera paso de la forma más antigua.
Que el mundo se parara para que habláramos.
Todo ese casi nada irrepetible
para volverte palabras.
Y un torrente de recuerdos
se precipita entre una música lejana
y un latido conocido
y los cuido
como ese jardín donde creces,
como esa casa que no visitas y te duele.

Estas son mis manos,
estos mis oscuros
y acá las luces si también las quieres.
Esta vez sin puntos ciegos,
que nadie espere en los rincones.
Que la alegría también sea
una palabra puesta tras otra
como ladrillos de un castillo
sin dragón ni princesa.

Y si no saliera
sufriré un instante
seguido de todos.
Y una verdad necesaria
te verá alejarte
sabiendo que espera otra vida,
también hermosa,
pero también sin ti.

Reconocerás mis ojos
muy posiblemente
más cansados,
más audaces.
Y lo nuevo, quién sabe,
podrá decepcionarte.
Y si aún te quedas
el aire se abrirá paso
y serás bienvenido
con menos abriles,
solo algún septiembre
y todos los mayos.