Antigüedades

Yo tropiezo con los muebles,
con todas esas cosas que se quedan sin sentido.
Son mis preferidas las obsoletas y absurdas,
las rotas e inservibles.

Relojes parados en mis paredes,
coches tirados en mis cunetas.
Cámaras ciegas. Guitarras mudas.

Yo voy dejando jirones y músculos
en los cumplidos que hago
a todos los muñecos sin cuerdas, sin fuerzas,
tan bonitos todos
que me importa poco saber
que no habrá respuesta.

Porque soy la anticuaria,
la testigo,
la restauradora.

Y si no se arreglan mis queridas cosas viejas
servirá al menos para distraer la certeza
de no saber si mañana
estaré aquí todavía
junto a todas ellas.

Más dentro de más

No son todas las canciones,
ni son todas las horas.

Ni los cielos cayendo, ni las rachas de viento.
Ni la suerte que persigue y esquivamos.

Tampoco el eterno retorno,
ni el trastorno, el que duele y el otro.

Ni llegar tarde, ni estar presto,
ni el bucle, ni lo suficiente.
Ni balcones, ni jardines,
ni las calles sin salida, ni siquiera
ese suspiro al final del día.

La clave para, no ya salvación,
sino para que ser un personaje
tenga algo de trasfondo
es, tenlo por seguro,
la pequeña risa que aún duerme
en cada uno de nuestros humildes brazos
expectantes y ciertos.

La de verdad

Matar a la chica mona
que perdonaba vidas
menos la suya.

Matar a la chica que caminó al borde de la cordura
y eligió mal el menú.

Matar a la versión abrupta y a la sin gas.
Matar los pasos dados, los nunca aprendidos.
Matar las palabras robadas,
el marketing, las siete plagas.

Matar a la chica mona
que va a dejar sitio
a la de verdad.

El invierno

Hay unos ruidos, unos engranajes
sonando en alguna parte,
en un rincón de mi cabeza.
Y toda esa fanfarria
camina y se abre paso
y ocupa todo el tiempo
sin dejar hueco ni a lo real ni a lo imaginario.

Son voces, son susurros, son gritos y arañazos.

Son mentiras que me creo
y establezco desde ellas
la verdad de mi camino.

Y no pregunto porque sé la respuesta
y aún así
dudo.
Tengo el silencio equivocado
y necesito que me digan
cada línea perfilada,
quién sí, quién se irá,
cómo haré el rito de los muertos mañana.

Y no pregunto porque temo la respuesta.

Soy más fuerte que el ejército de locos
que persigue mis carencias y mis días.

Y repito y repito
el invierno va a cogernos vivos.
A ti y a mí
el invierno va a cogernos vivos.

Tallos

Lo perdí todo
por pura obcecación y prisas
Por forzar los mecanismos de la magia,
por querer más oro
del que las gallinas estaban preparadas para dar.

No supe disfrutar de lo azaroso
y fui sembrando piedras
y aún me sorprendía
y me enfadaba
si no había flores esperando.

Cayeron uno a uno
los cuidados intensivos.
Busqué entre los muertos y los vivos.

Huyeron.
Tuvieron que hacerlo para salvarse
de todo lo que podría haber hecho
de haberse quedado a mi lado.

Y entre la tierra removida
aparecieron tallos
y los dejé crecer
con menos cuidado que cariño.

Una

Yo soy tantas que me olvido
ya del número que roza
cantidades industriales
de versiones de mí misma.

Soy la niña que empujaba
sus inventos por las cuestas
cuya inclinación perfecta
era suficiente para seguir soñando.

Soy la chica que confió
demasiado en las circunstancias
y siguió creyendo,
y se levantó con fuerza
para que volvieran a engañarla,
pero esta vez a la cara.

Soy la madre que barre calma y migas,
que juega y que se aburre,
que no puede más y carga
otras versiones de otros
con tanto amor que casi duele.

Fui, versión antigua,
una persona en escala de grises depurados
que pensó que así las cosas
no iban a cogerla de imbécil:
mejor vivir rodeada de ceros
que pensar que de ahí
se podía obtener algo.

Soy una mujer, más o menos,
que sonríe porque piensa
que mejor así. Que abre los brazos
si quieres saber
qué hay dentro de ella.
Y el número de invitados
ni rebosa, ni molesta.

Soy la alegría y lo volcánico,
soy la tristeza cuando no hay respuesta
y siempre la esperanza despierta
de saber que habrá alguna versión mía
buscándome en la puerta.

Lingüística aplicada

Yo le pongo palabras a las cosas que transito.

Digo “esto es una pala,
sirve para hacer tumbas”.

Digo “esto es un amigo,
no es utilitario”.

Aquí también quisiera
poner un nombre claro.

A veces todo es aire y vuela
hacia el rincón donde se acumulan las cosas
a las que no siempre hago el caso necesario.
Donde las pelusas,
donde los juguetes perdidos.

Y otras es nota que no se comprende del todo,
sonido que se escapa y no se acierta el bemol.

Pero algo en mí despierta y sabe
que no todo está nombrado
ni cifrado en diccionario.

Que aún sin significante,
no desaparece el significado.

Haces

Mi hijo hace haces
de palitos que se encuentra.
Va dejando montones
de ramitas muertas en su vida
como viejos amigos que un día crecieron,
como nuevos retos que esperan su lugar.

No es leña, ni es casa de cerdito,
ni vale para nada,
ni falta que le hace.

Porque si el niño hace haces
lo necesario es siempre
que no tenga utilidad alguna.

Hablar de todo

Quiero hablar de todo,
saber el tercer apellido de su madre,
entender cómo coloca las manos
para hacer cualquier cosa cotidiana.

Quiero hablar de todo,
conocer el recóndito misterio de sus huellas,
el nudo en la garganta cuando surge,
el miedo que yo limpio si me deja.

Quiero hablar de todo,
de los fuegos artificiales de las fiestas en agosto,
de la colisión de los astros y los coches,
de veinticuatro horas aburridas.

Quiero hablar de todo,
de las guardas de los libros,
de lo moderno que nos atropella,
de lo antiguo que nos arropa.

Quiero hablar de absolutamente todo.
Gastar todas las palabras.
Que nos encarcelen por forzar conversaciones.
Que después de hablar de todo
todo pierda su sentido
y podamos empezar
a hablar también de nada.

Los viejos valores

Yo también he tenido miedo
de eso que no encuentro y que me encuentra.
Yo tampoco sé quién soy
y me abate la duda y me puede a veces la pregunta.
Dame la mano, es casi una orden,
dame la mano no porque te quiera o tú me quieras.
Dame la mano porque este viaje puedo hacerlo sola, faltaría.
Pero en este caso, en este papel y en este sistema
no me da la gana que no estemos
un poco cerca, un poco sanos,
un poco, mira bien lo que te digo,
un poco alegres.

Los ojos de Darío

Separados por treinta años
Gloria y Darío son el mismo niño.
Ríen con el mismo cascabel y en cascada
y sus ojos giran con cada repiqueteo.

Pierden la cuenta de los golpes
aunque su piel recuerda,
Darío cura rápido,
Gloria un poco más lenta.

Darío habla muy claro
y Gloria escucha atenta
para comprender las cláusulas de sus contratos
y negociar lo que pueda.

Gloria y Darío se entienden
con perfecta terquedad:
no discuten, se obstinan.

Separados por treinta años
Darío y Gloria son amigos
y Gloria perdona todo y aún espera
que sus ojos sigan verdes
como los de las mujeres
donde ella persevera.
No para comprender la geografía y la historia,
sino la brecha,
separadas por treinta años también ellas.

Oleaje

Veo la ventana abierta.
Veo luces.
Veo que quiero entrar y entro.
Veo que me esperas.
Veo que hay palabras en la mesa.
Veo que quieres que hable y hablas.
Saco lo que puedo y lo que tengo.
Te doy promesas. No las entiendes.
Te doy razones. Empiezas a escuchar ahora.

Tienes mis datos.
Coges mis manos. Las apresas
en tu corazón abierto.

Y pongo una pared entre mi agua y tu arena.

La cárcel y la cadena
no eran para que tú no vinieras.
Fueron, sobre todo,
para contener a este mar de fondo
que llevo en la cabeza.

Labrys

El miedo no era el problema,
aunque se empeñaran en que lo quemaras
ya en hoguera de San Juan,
ya en las cráteras llenas de vino dedicadas a los dioses.

El miedo nunca fue el problema que te hirió.
El miedo tuvo su misterio y su alma.
Su hueco, su vano, su relieve y su bulto.
Un cuerpo de peso
con quien bailas o lloras.

Pero no fue el miedo,
no te engañes,
no te engañen.

Fue el descanso y la hipnosis,
fue el silencio y la mentira,
la enredadera y la sombra
lo que te paró los pies
con su hacha de doble filo.

Cada mañana

Estaré sentada para siempre
en el banco donde puedas encontrarme
tú y otros cien mil que quieran verme, yo
soy de todos, tuya, de nadie,
sobre todo
mía y de mis esferas oculares.

No podrás, no podrías
pararme aunque quisieras, piensa
que estoy aquí, atenta, alerta,
preguntándome por ti
cada mañana.

Exposición

No eres dolor, ni clavo, ni cruz.
Eres tú, de vida entero.
No hay metáfora, escondite, ni pasillo.
Eres un humano, imperfecto y querido.
No resistas.
Olvida bombardeos, fuegos, humos,
siéntate y hablemos.
Y dilo como quieras. O calla. No hace falta
ni una ni media palabra. Todo sale.
Y no siempre es luz reflejando el oro,
no siempre será un bosque fresco y hojarasca.
Pero la vida trae esos riesgos:
conocerse a uno mismo
es pura belleza y miedo.

Casi todo

gas gloria gil

Decidles que he salido,
que el veneno ya no me hace efecto,
que me río de mí más alto que me insulto,
que tengo la urgencia sobrevalorada.
Y que no sé a qué se refieren,
que no me importa no pensar en nada
o tener la lengua muerta
porque en el silencio
se oyen pensamientos en octanos,
pero he abandonado
casi todo líquido inflamable.

Milagro

Qué error dejarles,
no haber podido abrazarte cuando fue necesario.
No era odio, ni era amor,
sino algo más fuerte, otra cosa
explotando en el universo,
todo fue una carrera hasta tus brazos,
¿me recibirás con ellos abiertos o cerrados?

Comprendo con algo más interno que el corazón
lo que viene ahora.
Puedo soportarlo,
se hará y será perfecto
en un mundo más pequeño
no necesariamente oscuro,
¿tendré lugar en él,
también estarás?

Vamos a buscarnos.
Y en este paseo sucederá el milagro.

Receta

Las materias primas que quieras
van a poder transformarse
pero solo con calor
parece que funciona.

El hielo pacífico espera,
pero solo es la lumbre quien cambia
el miedo, el rencor, lo improbable
a otro elemento.

Y aquí estoy,
rodeada de todo lo nuevo,
cada vez más cerca de saber
cómo voy a hacer esto
de la cocina a fuego lento.

Trazo iluminado

Son las cosas más fuertes que he tomado
en estas últimas cien vidas
las que suponen en mi mundo
unas grietas muy sutiles y temibles.

Todos mis dolores eran centro
y no pensaba casi en nada,
me aburría mortalmente mientras solucionaba
tonterías importantes.

Y voló un nombre para hacerme pensar planos,
esos que se huían de mi casa.

Y así las cosas, sin quemarme,
pude seguir un trazo iluminado.

Bailar

Las perlas, el ámbar
son barro, tierra, cuerpos.
Pero tú, yo, cien almas juntas,
eso existe como el aire y el alimento.

Me acostumbré a ser isla
y allí las plantas crecen diferente
(pero hay canguros y volcanes,
¿no merece la pena?).
Y podemos brillar.

¿Quieres estudiar conmigo?
Habrá mapas, bosques, dunas,
perderemos la paciencia, saldrán gritos,
presentaremos nuestros respetos,
jugarán las mariposas.