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Las mañanas

Empiezan las mañanas
con una ilusión sin nombre,
una energía azul eléctrico que tira de mí,
tabula rasa que anula
los descuidos de ayer noche.

Empiezan las mañanas y se acaban
porque llega el mediodía aún dorado,
sigue habiendo oportunidades
de que llegue eso que aguardo
entre el poso del té de la comida
y un postre que todavía no es amargo.

Pasan sobre el alfeizar algunos pájaros muertos de hambre,
pero no tengo prisa, yo soporto un poco más
que un cuerpecito emplumado.

Y así, sin darme cuenta,
llego a una oscura noche, al fin del día.
Barriendo los despojos de lo que tuvo que haber pasado
desconecto esta máquina esperando la mañana
que inicia una ilusión sin nombre
y una corriente un poco más débil.

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Todo quedó escrito

Allí donde la hora última se presente
y diga que nunca viviste de ese modo,
que omitas que tuviste aquel impulso
asomando al trampolín de las decisiones.

Allí donde te quedes contemplando las sentencias,
pensando en la batalla ya perdida,
en todo lo que ni siquiera combatiste,
en lo mucho que a tu espalda ha quedado.

Allí, yo propongo este relato
que sirva de testigo a lo que fuiste,
pasar mi índice por el renglón leído
y que puedas guardar muy bien doblado
el papel en el que todo quedó escrito.

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Cambiar de molde

Tendrías que conocer
cuál es mi chocolatina preferida,
por qué vivo donde vivo, por qué hago lo que hago.
Tendrías que saber si miento y cómo miento,
cómo desenmarañarme para entenderme,
cómo puedo convencerte de lo increíble si quiero
y cómo no dejarte.
Tendrías que descubrir mis canciones favoritas,
mis momentos más terribles,
todo lo que soñé y se hizo realidad,
todo lo que temo que exista algún día.
Tendrías que comprender
las frases que ni yo entiendo,
que Dios creó la ironía y vio que era buena,
que sorprenderme es la única manera de darme oxígeno.
Y así, cuando lo tengas todo listo,
en esta vida mejor que en la otra,
te hago espacio aquí a mi lado,
y te enseño que yo también puedo romperme,
que conozco más palabras de las que en realidad uso
y que está bien ser el ratón que se esconde en la hierba
sin rezar para que no le coman.

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Enero

Sucedió como siempre sucedía.
Se encendía una vela en medio del agujero negro
y atrapaba cuanta energía caía dentro.
Y al consumirse toda, el miedo y la verdad
trazaban líneas sin rescate.

Pasé ese enero explicando
que habría que revisar todos los planos:
los errores de cálculo traerían
accidentes más pronto que tarde.
Y afirmé que si la culpa era una casa,
yo alquilaría todas las habitaciones.

Y es que no siempre en primavera
aparece en cada árbol nuevo brote.
Hay momentos de la vida en que es enero
en cada corazón al mismo tiempo.

Sucedió como siempre sucedía,
un invierno y un invierno atravesados.
Hasta que cambian los paisajes y los nombres,
también los años entienden los atajos.

No hubo anuncios ni señales, los pronósticos
seguían dando nieve cada noche.
Pero no siempre la misma historia
tiene ya cerrados los finales.
Y ahora ando preparada para todo,
hasta para el hueco que amenaza con quedarse
cuando echo terriblemente de menos
eso que se vuelve insípido y desechable
si lo hago mío y lo atrapo
pidiéndole protección y abrigo.

Escrito en 2020

La risa es un país

La risa es un país
que no se hace preguntas.
Un hogar levantado sin estigmas.
El prestigio sin presuntos ni amenazas.
La risa es toda cosa que crece
y aunque muera
estuvo viva
siendo fuerza y acto.

La risa es la columna
cuando somos capacidad y potencia
en la risa siempre buscada de tal manera
que lucharemos, que lucharíamos,
que daríamos toda la risa
para que otros tuvieran tierras y posesiones
y una respuesta siempre a flor de labio.

Porque la risa es una patria,
una nación,
una cultura,
una bandera
y una colina de la victoria.
Y entregaríamos el patrimonio
para que otros tuvieran risa.

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Lo habitable

Yo tuve un mes infalible
en el que pude contestar mirando cara a cara.
Y si me embestían, me reía
porque sabía que era más fuerte
que unas palabras temerosas, pero no temibles.

Yo supe deshacer el lío de los cables
y llamar uno por uno a los que se oponían
y explicarles, bien con cartas, bien con señas,
hasta dónde iba a dejarles.

Construí una llave que no funcionaba
y para nada me servía, pues no importaba
que nadie entrara, que nadie se llevara
mi mano abierta al mundo.

Pude conmigo, con todos los lastres
y conseguí el más difícil todavía
en este espectáculo que tramo:
negociar los zarpazos del recuerdo
decantando solamente lo habitable.

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La verdad

Que había una verdad más grande que yo misma.
¿Llegaba ese conocimiento
quizá demasiado tarde?
¿Había un fina hilera de piedritas
hasta el momento exacto?

Que había una verdad que podía
tirar las columnas de los templos,
estallar con furia
la escalera que llevaba hasta intuiciones.

Que había una verdad sorprendente,
largamente renunciada,
anunciada por augurios, vibraciones
tan insistentes como mínimas.

El barniz que embellecía el marco
tenía que secar para por fin poder brillar
y proteger una memoria siempre deseada,
ese tiempo que no podía beber de lo antiguo
y no descuidaba los segundos
que pudieran acariciar sus dedos
ya ciertamente expertos.

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En los márgenes

Que no sea una calamidad mi interés.
Ojalá un paseo que no canse,
un recorrido siempre adelante
sin ocupar el centro del camino verdadero.

Paradas de avituallamiento.
Calentar mis manos entre las tuyas
cuando mi sangre no circule.
Desayunar a veces. Esperar si no se puede.
Darle sentido a un círculo no perfecto,
que pueda visitarse sin que extienda sus esquinas.

Ya sé que el reto más grande que he asumido
ha sido permitir esta proeza.
Eludo a peregrinos y a valientes:
me basta con ocurrir en los márgenes.

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Interseccion

Quien tiene un cuerpo apto para muchas cosas, tiene un alma cuya mayor parte es eterna.

Spinoza

Hasta este pequeño momento
tan temido, tan ansiado,
nos han traído los pasos
improvisados en mayor número.
Ligeros como un sueño que se esfuma
si desconfías de su verdad,
que no puedes tocar por si se quiebra,
que no dejas de mirar porque a las fantasías
no suele gustarles que nos despistemos.

Y así, sin inventos ni campañas,
todo fue recorriendo
un plan que no existía
y apareció dibujado
sin olvido y con persistencia.

Un camino que se aleja hasta el horizonte
y jura que no va a volver para cruzar la línea de fuego.

Una promesa que por suerte no se cumple,
pues era imposible cerrar
todas y cada una de las puertas que la vida abre.

Una piedra lanzada a una corriente
que se la llevará para siempre
antes de entender de una vez
que si fluye, vuelve.

La situación inevitable que derrumbó los palacios de aquel cuento
tuvo que convertirse en novela,
después en sigilo,
finalmente en acuerdo
para no asustar a las conclusiones.

Y así, uno frente a uno,
este pequeño momento temido y ansiado
hasta el que nos ha traído
esa mezcla ingenua y humilde
de simples ganas de encontrarnos
y un plan que no existió
y apareció dibujado
sin un ápice de olvido.

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A la fuerza

No te conozco y por eso
me extraña verte aquí siempre presente
con unos ojos tranquilos y expectantes.
Me dejas notas: qué hacemos ahora.
Te sientas a mi lado: hola todo el tiempo.

No sé si me gustas poco o nada
porque has venido de un lugar
propio y ajeno,
de la rotura,
de la bonanza,
para decirme que ya no puedo ser
quien siempre había sido
entre mis sábanas de altura y rasante.

Me has robado todos mis accidentes,
me has prohibido todas mis amenazas,
mis gritos tan míos,
mi manera de caminar a trompicones
por este mundo que no entiendo,
pero que tan bien queda puesto en la pantalla.

No te conozco de nada,
pero aquí estás
diciéndome que ahora
tenemos que ser amigas a la fuerza,
un poco a tu pesar, bastante al mío.
Que no me tienes miedo, aunque tus dudas.
Que algún día fallas y todo al traste, pero aguantas.
Yo, la que carga la lata de gasolina;
tú, la que sonríe escondiendo las cerillas.

Escrito en 2020

Simétrico

En mi espejo se reflejó todo aquello
triste y amable, dulce y cansado
que tú también sentiste.

Ni una lágrima,
una o dos palabras.

Mi mano en el cristal
acercó tu mano al otro lado,
totalmente simétricos,
los mismos enfrentados.

No hubo mentiras,
pero no fue la tierra prometida.

El camino interior que ya no piso
no entendió no ir por la orilla:
o todo o nada.

Y yo creía que sabría
cómo hacer la magia blanca:
poder entrar por la trampilla
hasta tu corazón y verlo.

Tras suspirar y entender los resultados
comprendí la lección que la vida daba:
quien te deja solo frente a tus monstruos
necesita estar solo frente a sus monstruos.

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Un día de otoño

Un día de otoño
pisé la tierra que debía
sin preguntarme si era la que quería o necesitaba, solo
unos pocos metros más cerca de un momento inesperado.

Un día de otoño, no hacía frío,
paseaba nerviosa y esperando
a que la tela que todo lo cubría
acabara de extenderse, sin arrugas.
Llegaba el momento primero,
nada podía fallar ahora.

Un día de otoño lo tuve delante
y creí en ello
y no escuché lo que quedaba a mis espaldas
porque una pista me decía
que serían sonrisas
tras la puerta azul y cotidiana.

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Otro día

Yo no sabía muchas cosas
y miraba todas mis deudas
con el mismo desprecio, el mismo trato
que creía que merecía.

Yo no había querido saber nada
y drenaba la ignorancia con un aire maldito
de ojos muy fijos en los otros
y sonrisas de hielo y años.

Yo me fui resquebrajando
como un vaso de barro mal cocido
que no podía contener
los placeres de esta vida.

Y se aparecieron, aunque yo no quería,
una serie de hojas caídas al suelo
que querían llegar al centro
de una ciudad deshabitada.
Y construir.
Y tomar decisiones.
Y gobernar los caminos.

Yo no tenía destino, ni canciones.
Yo no sabía qué piedra romper, cuál cantera,
qué obstáculo poner para esconderme.
Y como aprendiendo a leer, letra a letra,
las cartas se fueron jugando
y formé palabras
para seguir existiendo otro día.

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Los jerséis

Quedan los jerséis pequeños
porque el pasado nunca atraviesa en balde
ni los pechos ni los baches, no puedes
ya caber en una crónica que ha encogido
porque diste suficientes pasos para verla así, pequeña.
O tal vez has sido tú la que creciste,
dejando espacio justo a los motivos
que tienen ya el hueco necesario
para reventar las costuras de lo que se ha ido,
esa terca médula que intenta llamar a deshoras
y te crece por tobillos, por caderas,
arrastrándote hacia abajo. No la dejes:
los que allá estuvieron y aún te quedan
esperan que construyas nuevas rutas,
esperan que te olvides un momento
de que no siempre fuiste un ser de risa,
una preocupación sincera,
una cabeza ladeada para pensar mejor.
Ellos también te necesitan pronto,
aunque vengan del mismo tiempo ya lejano
en que todos los jerséis se ajustaban bien al cuerpo
y erais tan pequeños,
y estabais asustados.

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Archipiélago

Quise desde antiguo
crear un cierto espacio que trajera
una vida, un bulto,
a la auténtica pesadilla, a la verdadera fiesta
que era mi vida, mi sitio, mi día muerto.

Quise encontrar el hueco
donde cabía entre el tráfico
y no era alguien más, fantasma, no lugar,
sino que era una efigie,
ya no idea,
ya no estatua,
fotograma
en este metraje que traía a mis espaldas.

Quise que fuera contundente,
con voz y voto,
que estuviera por derecho,
que mi casa fuera al menos una casa
con un lema, una historia que también se contara,
que se supiera que había llegado
y se pudiera ver el legado
sin amenaza y sin archipiélago.

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Hallazgo

Sin ser verdad, sin ser mentira,
arremeto contra un mundo en permanente
construcción de sí mismo y de su altura.

Me cito en seis meses, en seis días
y sé que sin ser verdad, sin ser mentira
no se va a dar el momento que pretendo.

Lo he preparado, sigo soñando
cómo se harán las cosas. Construyo
el escenario, personajes,
escribo línea a línea
un guion que luego borro. Perfecciono
tan a pulso los detalles
que estuve allí mil veces
sin que quisiera verlo.

Y sé que, sin ser verdad, sin ser mentira,
no pasará, no habrá lugar
más grande y más perfecto
que mi mente que imagina.

Escrito en 2020

A lo mejor no eras tú

Creía haberte visto
al otro lado de un verso
que no era bueno, ni era malo,
ni hablaba de nada asombroso.
Pero creía haberte visto
quizá por el enfado, quizá por mis errores.
Torcidas las cosas
merecía mucho la pena enderezarlas,
pero quien no sabe aplicar las leyes de la tristeza
corre hacia los brazos de la torpe supervivencia.

Creía haberte visto.
Creí que podría encontrarte
entre cien millones de personas.
Seguramente te vi muchas veces
a través de otros,
en mis pequeñas salidas para tomar aire.
En una canción
que tardé treinta años en comprender.
Creí que estarías de repente en el giro de la calle más anodina.

Creía haberte visto.
Pero a lo mejor no eras tú.
A lo mejor solo era yo
entendiendo que tendría
que encontrarlo primero yo sola
antes de poder regalarte
ese tú, ese yo,
ya nunca más en partes.

Escrito en 2020

Emergencia

No es oscuro, no es cuestión de luces.
He visitado todo tipo de balcones, he pasado
mis manos terribles temblorosas
por un buen número de inventos
satisfechos de haberse conocido.

Algunos trituraban. Otros son silencio.

Descubrí las salidas de emergencia
y todo era, imaginadlo,
mucho menos grave allí en la calle.

Voy a decir adiós a este bosque, a este martillo
que dio suficientes golpes y alarmas,
que quedará aquí totalmente enterrado
para cuando sea necesario.

Escrito en 2020

Para contarme

Lo que estoy mirando ahora, esa ruta,
da el mismo vértigo que otras veces. Pero ahora
el canto aquí y allá, el vuelo seguro
me acompaña y va diciendo
que es posible.
Nada de lo que hace
que un corazón lata con más fuerza
tiene el color gris de mis cien años.
Pero también es fuera donde ocurren esas cosas
que son ondas en un tiempo que bosteza.
Puedo seguir masticando, acorralando
al miedo y al final de toda historia
o agarrarte de la mano, aquí, bien cerca
para que puedas contarme, así, sin prisas
en dónde es que has estado,
en cuántas vidas has tenido también sueños.

Escrito en 2020

Los buenos tiempos

Estoy cerca del que dibuja amigos
y me defiende de ataques
inservibles, pero dolorosos.

Estoy cerca del juglar puesto a propósito
para venderme poemas, música,
sacrificios humanos.

Estoy cerca de niños y de ancianos
y les cuento lo que veo
y lo comparto.

Porque tengo un mundo dentro,
una feria de risas y astros
y sigo dándole vueltas
a esta luz que irradio y ciega.

Los buenos tiempos, ah, los buenos tiempos
aquellos en que yo no era un momento,
sino todo un mes por descubrir.

Quizá vuelven envueltos en mejores propósitos.
Sentiré su aire helado
despertándome algún día.