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Papel color aburrimiento

Si habremos perdido la inocencia
que os veo a todos no exactamente viejos o cansados,
solo con ojos no sabios de experiencias,
sí sabedores de que el horror existe
y habitó entre nosotros.

No hay cuchillas agudas mordiendo esta tela.
Es peor.
La ola que nunca volverá a darte miedo,
la vuelta de todo y el menú hecho.

«Lo he visto», has dicho.

A partir de aquí ya todo existe.
A partir de aquí veo arrugarse
el último papel amarillo, lento,
sin que yo pueda ya escribir en él
otro capítulo.

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El puente

(A propósito de 1910, de Federico García Lorca)

Yo quise diseñar montañas rusas,
hacer crecer jardines, pánicos y ritos,
cuidar campos de trigo, alimentar terneros,
recibir de la tierra una fuerza
poderosa, eterna, mortal y saturada.

Yo quise besar el viento y que el viento devolviera
ni con pasión, ni con esa prepotencia
con la que a veces dejamos
entre labios y pared.
Tallar miles de años
en rocas del camino,
saber que cuando muera
todo quedará ahí.

Yo quise saltar la comba
mientras las niñas cantaban,
aquellos ojos míos,
tal vez de dos mil diez,
que tuve que cruzar, cortocircuito,
de puente a puente
en un tablero de juego
con reglas de código móvil.

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Una pequeña victoria

Van a deshacerse por completo
como un papel bajo la lluvia
algunas de las cosas más preciadas que tenía.
Que lo más valioso
no deja de ser sensible a desaparecer.
Gracioso hasta decir llanto.
Y recordar y recordar y recordar
que no va a suceder, que no ocurrirá
ni el milagro, ni el ascenso. Que los deseos
no se cumplen aunque te concentres,
que ahí solo seguirá la atmósfera
aplastando nuestros cuerpecitos.
Toda esa energía encontrará su casa.
De momento me sobran suficientes horas
para que no me quede ninguna.
De momento necesito
una pequeña victoria.

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Aquellas tardes

Recuerda aquella vida
de tardes empolvadas,
signos que abrazan nada y la ventana
devolviendo siempre igual cuatro estaciones.
Lo único a lo que podías aspirar era a ese timbre
que sonaba cada algo y te decía
sin palabras
qué guapa que estás hoy, qué maravilla
saberte aquí a mi lado, hagamos algo.
Y nada ha cambiado desde entonces,
el mismo interrogante que abre y cierra,
pero ahora,
ahora ya tienes tu respuesta.

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La caverna

Cuando dejas de seguir todas las sombras
proyectadas en el ras de la caverna
ves lo que hay, no siempre hermoso,
ves lo que hay, con mil defectos,
ves lo que pueden dar de sí tus propios ojos
y dejas de buscar en cada hueco
porque ya estaba lo exacto y riguroso,
no una aproximación de lo que pudo.

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Cuanto toca

Estoy pensando en mí
como pienso yo en ti,
como una construcción amplia, no difusa,
difícil de encontrar y de entender,
continua y ajustada
que tan pronto se escapara,
pero vuelve para proponer un juego, una apuesta fuerte.
Yo sé que tú ya eres.
Ahora voy a crecer yo de este
mantillo fértil, del amor, del número correcto.

Y llegarán, llegarán los días
también de frío y yo te abrigo.

Porque eres lo que eres
y nada menos,
nada menos que un día que no mengua.
Porque eres tú me habitas
y me calas sin fractura.
Porque eres un saludo que no se esperaba
y acelera cuanto toca.

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Tantas veces te tuve nunca

Tantas veces te tuve nunca.
Tantas veces cogí tu mano ninguna,
aquí, justo a mi lado,
te miro cuando escucho cristales, sonrío
al vacío que deberías ocupar,
imagino
que estás, que das
la vuelta a esa palabra que te lanzo.
Tantas veces agarré nada,
tantas veces construí la azotea sin cielo,
que ya soy incapaz de distinguir
la verdad de la cuenta pendiente.

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Quién lo sabe

Es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

Lope de Vega

De dónde vienes, en quién te encuentras,
cuál es tu plato de la balanza,
si sobrevives de viento o de tierra.

Qué ramo de perspectivas estamos manejando,
qué cimiento juega a ruina,
qué trampa de trébol deshojado.

Cuándo será la venida, el llano,
en qué hora he de esperar con mi lámpara encendida,
en qué camino sales a mi encuentro,
con qué dios, dime si lo sabes,
con qué dios estamos apostando.

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Dibujar y coser

Hay que aprender a dibujar y coser tantas cosas…

Aprender a manejar el lápiz que nunca acaba de dar la forma exacta,
sostener que bajo la mirada de la piel vas a venir,
que el bosque de deseos rectos
hasta el cielo, tú en la cima,
tendrá su senderito, escondido, repleto
de esperanza y de un corazón que se sale del pecho.

Entrar y sacar aire sin correr detrás de nada,
sonreír a las esferas de un cielo sin caminos,
continuar creyendo, seguir aguardando.

Volver a pasar la aguja por este vestido
mientras se desea tensar de una vez el arco.
Ir de cabeza al combate sabiendo
que toda vanguardia es ciega.

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Reaprender

Reaprender las costumbres de los hombres,
apuntar en mi cuaderno sus actos
para investigarlos y entenderlos,
saber cómo toman el café,
decir que sí,
decir que no
y sus cantidades idóneas en cada caso.
Desintoxicarse del pasado,
poco a poco, con sus posos,
aguantar las contracciones del recuerdo,
seguir adelante sin darse cuenta.

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Junto al río Gránico

Alejandro mueve su pelo el viento, puede
que no recuerde más allá de este gran día. Otros
van a ver en él más que al muchacho
que nació, nombró ciudades, perdió las riendas.

Eso es todo. Si hay batalla, hay río.

Es el fin
de Alejandro como era, ya no hay más
que adelante, trono, veneno, grebas.
Y acaricia la crin de su caballo
junto al agua,
pensando en un amigo.

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Huellas

Da un poco de miedo
decirte que podré encontrarte
casi en cualquier parte a donde vayas.
Porque parece amenaza, acoso y derribo.
Pero tú sabes
que el mundo a veces confunde
y nos pone a dar vueltas
en baldosas muy pequeñas
que parecen una ciudad escondida.
Será en esos momentos
en los que no sepas quién te quiere.
Recuerda, entonces sí,
que podré encontrarte
solo visitando las huellas
que a tu paso hayas borrado.

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Esta burbuja donde nuestros nombres

Esta burbuja donde nuestros nombres
se pronuncian despacio,
saboreando.
Aquí no hay que elegir
y exponerse a que no guste.
Aquí es la seda y la luz
de una mañana, ciudad europea.
Mi hombro de piel blanca
bajo una mano, quizá la tuya.
Ojos clavados en ojos,
sin parar de pronunciar nada,
respiración
contenida,
suelta el aire en esta zona sensible,
disfrute de lo que sabemos
que está muriendo ahora mismo.

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Polifónica

Quiero ser un individuo
de dolor lleno, de inquietud
repleto. Con nombre que cambia de gesto,
yo que te encuentra, da igual
tu edad, sino lo que arrastras
dejando una estela en el suelo.

Colaborar sin perderme, que seas
en mí y yo ser
sin que dejes tu rostro asomado.

Olvidar lo colectivo y trabajarlo,
lo común como ofrenda de lo nuestro.
Amarnos diferentes y enfrentados,
discutir la construcción de estos cultivos,
trazar la imperfecta arquitectura
de mi madrugada pensando en la tuya. 

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Lo entendí

Todo lo entendí mal. Como si hubiera
tenido el diccionario equivocado,
acá el diablo curioso ha cambiado
el sentido final de mis palabras.
Que una vez fui novia, amante, líder,
que di el discurso que no era.
Todo lo entendí mal, ya no hay frontera
entre el tú que se aparece ámbito
y aquel que salta su locura aparte.
Qué hago contigo cuando me apuntalas.
Qué haré cuando me obligues
a no necesitarte.

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Cajas y sobres

Debería estar escribiendo
de la doméstica condena
de la caja de galletas
(mantequilla, Dinamarca, azúcar)
donde guardas hilos, té,
lo que necesitas recordar a escondidas,
(los soldados de juguete,
las fotos de tu madre cuando sonreía,
tu imagen cuando los hombros aún no dolían tanto).

Debería estar honrando
esa caja fuerte primitiva
que une urgencia de ahora y superficial ayer,
(mensajes de amor de quien quizá no te quería,
botones que nunca coinciden con los de tu camisa).

Pero el esfuerzo que merece
este agujero ritual de cada casa
ha de ser hacia delante:
guardad aquí para nosotros sobres,
una carta para aquellos que seremos,
que así podrán quemar la pira del presente y del pasado
sorprendidos
de que aún tengamos cosas que contarles.

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Gota a gota

Es el goteo
de una lluvia que juega a cesar,
que juega a ceder,
que para y que vuelve,
que trae memoria y aliento,
que trae límite y pared de por medio.

Es el goteo el que me relaja de esa manera
que solo tu hueco sabe.
Con unas manos ligeras lejanas
son las gotas una a una
como tus palabras todas juntas
en el tic toc tic
que hacen que mi corazón
siga latiendo otro día.
¿Sigues queriendo que te ayude
a creer en tu cuerpo junto al mío?

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Sal y brío

Tengo mil formas de tocarte.
O al menos cientos.

De sentirte cerca, aquí en mi nuca,
de acariciar la tuya,
de arañar y hacerte daño,
solo un poco.

Tengo la mano izquierda sujetando,
tengo un susurro, escucha,
esto te interesa.

Tengo mensajes que enviarte
a través de cruces de calles,
de nubes mordiendo la luz, de luz
que recuerda que aquí hay sal y brío.

Ofrendas en tu puerta
escondidas entre flores,
crecen, no se aprecian,
pero tomarán algún día tu tierra.

Tengo mil formas de tocarte
desde este otro mundo,
desde la supresión y el cierre.
Mil formas de ser
espectros que se atraviesan sin sólidos.
O al menos cientos.

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El árbol muerto

En la esquina de mi calle, cada día
visito a un árbol muerto, ya sin hojas.
En invierno nadie diría que no vive,
pero la primavera delata que no hay nada.
Es solo una carcasa, un tronco blanco
que no es capaz de brotar ya vida alguna,
aunque en pie sigue y su copa
al cielo apunta, al cielo niega,
del cielo escapa, retorcido,
pidiendo quizá clemencia,
sintiendo, tal vez, orgullo.

Siempre pienso que ese árbol debería
ser talado, retirado de la vista.
Sin embargo también creo que su tala
es un acto de justicia para él mismo,
no si el prócer lo prefiere vivo o muerto,
solo saber que estuvo allí y que deja un hueco
que no puede sustituir asfalto alguno.