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Un viejo recuerdo

Un viejo recuerdo de yo niña,
yo en la tierra polvorienta de meseta,
centrada en amapolas y en espigas,
demasiado bien vestida para ellas.

Las rodillas
arañadas
por los juegos,
resina, piel pringosa, no era edén prometido,
sin embargo.

Ser mayor es crecer a quien tú has sido,
venerar a esa niña que jugaba los festivos,
ser más grande para ella, más astuta,
y ser libre para que no te hiera el campo
ni la falda planchadita en tu regazo.

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Tu no

Con algo tendré que entretenerme,
con algo
habrá que despistar al espanto
de esperar la guardia consabida,
el final que fue escrito sin ganas.

Peinar los ojos, remedar lo frívolo,
con algo
tengo que tapar la despensa que siempre
tiene hambre.

Vapor, purpurina, risa
falsa
un nuevo abrazo hacia días mejores, con algo
debo disfrazar la oleosa tristeza
de tu no sin límite.

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Desenredo

Aguja dentro, aguja fuera, recuerdo
el toque de tu cuerpo, locomotora
que puede arrollarme, aguja rodea hilo,
entrar, salir, crear el bucle, pienso
tus manos, no recuerdo dónde,
las mías
perdidas en el pelo, piel, tal vez
en mi cintura otras manos.
Tejiendo, hilo y recuerdo, la trama
que no cubre este frío, el error
que cometo por querer ir
tan deprisa.

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Recetas para empezar

No te invité a la fiesta, a la película, a la hoguera,
¿con qué justicia
pongo un futuro yo ahí delante?
Si soy la sombra sin materia orgánica, si soy
un borrado enmudecido.
El viejo recuerdo de un anuncio que pasó de moda,
el derecho que alivia que hayan prohibido.

Cada vez que tengo suerte y renazco y doy batalla
me recuerdas que soy lo que no existe
para que tú puedas existir.

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A veces, los dioses

A veces, los dioses
te ponían en mi paso
como la piedra en la que tropezaba,
caía, hería mis rodillas, ya nunca sanan ciertas pieles.

A veces, una fuente
donde refrescar esta línea del tiempo que pesaba.
A veces, un mundo pequeñito, cuatro calles
recorridas para que veas otro marco,
un viaje que no sea el último.

A veces, salir de casa
hacia la casa que tú eras.

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Yo te he querido

Yo te he querido no como el niño
que quiere un helado, la muñeca y la pelota
y no sabe elegir con qué quedarse.

Yo te he querido como el pájaro que espera
no morir de hambre hoy, como el marino
que aguarda la tormenta cuyas olas
no se lleven lo que ha sido y podrá ser.

Yo te he querido
poner un cubierto a mi mesa,
hacer de ti semana en curso,
mantener la promesa de que después de la paz
no vendría la mísera posguerra.

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Tú que has subido desde el fondo

Tú que has subido desde el fondo de este precipicio
para acompañar este baile de cintura con la electricidad de un pensamiento,
y sabes que la agricultura no se opone a la recolección,
la tierra nueva que saluda.

Tú qué has rozado la bomba atómica
y has estado a un centímetro
de la destrucción total,
de que murieras
por el aplastamiento de lo que no existía,
escucha menos a la voz que sugiere que es mentira
esa mano tuya
puesta en esa otra mano que agarra
tu propia voz
huyendo a ciegas
desde tu muñeca
hasta la suya.

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Imagen, huella, sombra, nada

Resulta que a donde volviste
fue al lugar donde me encontraste y donde yo ya no estaba.
Recorriste cada hito para captar las gotitas que quedaban.
Y yo ya no estaba.
Te adentraste hasta las últimas brasas, cambiaste hasta de nombre.
Y yo ya no estaba.
Hiciste la vida que podría haber sido.
Hiciste una vida.
Por mí. Sin mí.

Cuando por fin llegaste a mi oficina
presentaste tus impuestos, nueva imagen.
Allí donde yo estaba
ya no cabía
nada de mí.

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Ya no quiere comer

Mantener esa superficie de agua sin ondas
en forma de sonrisa que no sea forzada,
anegar el lateral del cuerpo manteniendo seco
el centro, ardiente, árido, erosión sin cese.

Seguir iluminando para que no se vean las pelusas, seguir
contestando paciente a todos los acuses de recibo.
No sacudir la cabeza demasiado fuerte,
no se deshaga el peinado,
perseguir a un pajarito que va dos pasos por delante.

Contener en el almacén de la fábrica
todas las lágrimas que se convierten en cemento,
prohibido el derroche,
seguir arando, arañando el surco
con un eterno pensamiento de semilla que no es.

Porque hay un pajarito que tiene hambre,
pero ya no quiere comer.

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¿Es tan grave?

¿Es tan grave?, me pregunto
a menudo sintiendo un sol que no merezco.

¿Es tan grave saber que alguien te espera y no para acusarte?

¿Es tan grave componer una vida alrededor de la dicha?

Conseguir que tus manos ya no sean hierro y piedra,
¿es tan grave?

Celebrar que el día viene
y no te duele demasiado el arquetipo.

Es tan grave. Solamente
nos queda aceptar cuarenta horas,
vigilar el precio de la carne,
vivir en lo asequible sin plegaria,
no agravar lo inadecuado,
ser otro mismo.

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Noviembre

Noviembre, agujero negro
sin cumpleaños, solo escultura.
Un pozo oscuro de sacudida quieta.
Quiero y no puedo,
otoño sin dientes.
Noviembre es un milagro
que exige su oración.
Una lengua muerta
que deja cien hablantes.
Bastón de mando rompe costillas.
Reunión a la que no se invita.
Una partida que no quieres jugar
porque ya conoces de sobra el resultado,
inventor de reglas hasta cuándo.
Noviembre no quiere tu permiso, sino tu nombre.
Noviembre quiere que creas
que podrás salir de noviembre.

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Neolítico

Fui una pequeña
litificada con risas.
Fui a disgusto y siempre sola.
Fui juegos y personificaciones.
Fui insomnio.

En el principio
la piedra no era piedra. No existía
el granito, ni el sílex, ni mineral alguno.
Todo era aire o vida,
venas, pan.
Y la piedra un día
plantó su discordia.

Fui creciendo solo en cuerpo. Quise
palabras, obtuve ruido. Quise
silencio, gané oscuros. Quise
buscar, conseguí malos pensamientos.
Y todo en mí se fue calcificando.

La piedra nueva construyó cuerpos
indestructibles y perfectos.
Inmortales cuerpos de roca
que dejaron obsoletas a las córneas blandas y miopes.
El cielo era gris primario,
el suelo, blanco.
Todo por hacer,
todo acabado.

Me ofrecieron amor,
lo rechacé orgullosa,
pues supe desde los pies
que no iba a ser para siempre
y eterno significa poco para un monte.
Picoteaba en grupos de dos o tres
y practiqué la conversación monológica.
La lluvia erosionaba algunas ruinas.

Fue nacida la piedra, nadie
sabe su origen verdadero, nadie
se lo preguntó nunca.
Era algo que estaba y era
necesitado más que amado
y existían solo dos o tres esencias,
pero el polvo dio matices
y amor no era lo que habíamos creído
y tuvo muchos nombres.

Me perdí un poco a cada rato
dejándome caer cual sábana limpia.
El martillo no pudo conmigo,
me vencieron las miradas, las caricias.

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Hoy ya todo es distinto

Hoy ya todo es distinto.
El foco que ilumina el proscenio
se apaga, pues la obra
termina y conviene
que vayamos a casa con la cabeza baja.

Hoy ya todo se acaba.
De la cena quedan sobras, platos sucios;
de la fiesta, confeti tirado ya sin ganas.

Ayer la voz asomando en las rendijas,
hoy silencio de atmósferas presentes.

El espacio que cupo entre mis manos que sujeta
agua, suspenso, irrealidades,
termina hoy, pena de muerte
a la ilusión que tuve
cuando me nombraste.

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No sé si te has fijado

No sé si te has fijado,
pero en cada casa a la que vamos
la gente charla, pregunta por la madre. Y yo
sonrío, acepto ese intercambio, pero siempre
acabo por buscarte, cerca cerca,
olvidarme de los otros,
estarme entre tus brazos.
Y da igual que nadie más repita el gesto,
y da igual que quizá ya no haya edad para esas cosas.
Sin pensarlo sigo siendo aquella chica
localizando tu mirada en cualquier fiesta.
Te requiero esa defensa innecesaria,
demuestro al mundo lo que soy,
lo que seremos.

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Cuando quieras

No voy a pagar yo tus platos rotos,
vajilla heredada, copas quebradas,
por no tener riñones para esto.

No voy yo a arreglar este estropicio,
el precio del veneno que me bebo,
la alfombra donde escondes lo visible.

No voy a desclavar estos puñales
para que tú los guardes de recuerdo.
Me llevo estas heridas a mi casa,
te invito a visitarlas cuando quieras.

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Casi todo había cambiado

Casi todo había cambiado.

Había
pequeños aros iluminando.
Había
ondas y no rayos esparciendo su nombre.
Había
pocos centímetros libres entre las embajadas.
Estaban
los sonidos no saliendo de las cuevas, sino
de gargantas preparadas para un banquete.
Estaban
las ganas de velocidad, aún contenidas, pero
calmando para beber bajo las palmeras.
Estaban
volando ideas que podían permitirse
escapar para ser olvidadas para siempre sin resolver.

De lo que hubo se hizo cuenta así deprisa:
esta es la deuda, envía recibos y acabemos.

De lo que habrá nadie sabe nada todavía.
Será el periódico de la mañana, última hora.
Será la línea divisoria que atraviese.
Ojalá, tal vez será
la tabla lisa que tanto se esperaba.

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El miedo. Tu risa

Quebrar el equilibrio, fina lámina
sujetaba esta felicidad de saberte.
Tan sencillo como ese batir de alas de mariposa
que destroza no sé qué puerto allá al ocaso.

Circunstancias.
Que enfermara alguien.
Una rotación inesperada en el trabajo.
Atascos, siempre atascos.
Llamadas en las horas menos oportunas
(o sea, cuando yo te necesito).

La guerra es ese día en que no llega
la noche en la que esperas desquiciado.

Demasiado bonito para ser cierto,
juego donde faltan piezas.

Un vínculo termina desgarrado,
un vínculo que nunca será fuerte
si lo que une es el miedo con tu risa.

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Bum. Zas

Es ridículo a veces ponerme ahí
justo delante
y decirte que te quiero.
Porque se pierde la letra exacta
y me enfada que solo entiendas
las superficies.
Así que pego patadas, bum, zas,
y puñetazos,
muerdo como el cachorro mal adiestrado
que un día fui.
Y entonces sí, te quiero en serio,
cuando todo esto
parece broma.