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Tenía las instrucciones, la llave allen,
la maceta, el abono específico,
el cuidado puesto en los frutos, tutores,
fe
en el amor, en la amistad, en entendernos.

Tenía un no saber rendirme,
y esa creencia recibió muchos golpes.

Seis años duró mi iglesia, el culto
que confiaba en la bondad del ser humano.
Ruinas y escombros.
Cuerpos mutilados. Vínculos mutilados.

No perdí la ilusión, sino la esperanza
de que la ilusión fuera recompensada.

Volverá, vendrá…
¿Basado en qué?


Perdí
no la fe en la persona como ente,
sino en su energía.
Aposté por arquitectos,
y en eso hemos fallado todos.

Lo de enfrente es una pasta, un magma,
ni ocultación, ni juego de espejos,
solo meh, bueno, nada, ok.

Aquí yace la potencia que creaba universos,
la rabia que maquina,
la imaginación de hacerlo diferente.

Aquí yace mi otra mejilla,
mis planes a futuro,
el carro del que tiraba.

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