Caléndulas

Cuánto tiempo ahorrado
si hubiera dicho que quiero, abiertamente, un poco de descanso.

Pero no todo siempre es triste,
ni siquiera lo triste es triste.

También está la calle que baja de Antón Martín
y las risas de aquellos.

Y las caléndulas que planté
que regalaron todo lo que ellas pueden.

Y toda la ayuda que presté,
que hubiera sido más eficiente
si en vez de esconderme entre volutas y ruido
se hubiera ofrecido con
Las. Palabras. Claras.

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