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Cuenta atrás

Como el proyecto Manhattan,
con mucho tiento, con mucha mano,
estuve varios meses calculando
la distancia
cerca-lejos,
buscando el punto concéntrico
entre tu línea y mi raya,
dejando espacio a tus palabras, cerrando
el grifo a presión de las mías.
Con cuidadito, con elegancia,
por si te asustaba, por si me pasaba lo de siempre,
despacio, con mucha calma,
y a veces con impaciencia,
toda la grada «ánimo, no te rindas,
merecerá la pena».

Toda una casualidad de reloj de arena extendiendo el tiempo,
¿y si algunos días no existieran?
Casualidad y empeño,
empeño y sorpresa,
sorpresa y valentía.
No cuento ni a los proverbiales actos de ausencia,
ni a la siempre oportuna lluvia.

Tuve una visión desde que así, en bajito,
me dijiste la palabra puesta en ángulo,
desde que paseábamos por la vida en pausa. Supe
que eras un regalo con muchas capas,
pero un tesoro,
y yo siempre tuve alma de pirata.

Tuve una visión de holocausto nuclear,
y ahora, más que un proyecto,
eres lo que ocurre cuando los dioses mueren:
que nace el hombre
defectuoso y perfecto.

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