Mis ojitos infantiles

Tengo siete años y una sabiduría
derrochante y excesiva sin sus cauces.
Subo la escalera dos veces
antes de marchar a casa. Mi padre
me ha permitido ir de nuevo
y me acompaña.
Y lo veo.
Todas las figuras me son semejantes,
aquí no hay pequeños ni grandes.
Humanos de ojos atentos preguntando,
pidiendo,
desconociendo…
Tal vez sepan que también dejarán de ser algún día,
como yo aún no lo sé, aunque lo intuya.
Y el misterio,
aquel que mi cuerpito cansado sabe ver,
las motas de polvo pintadas en luz.
Y el silencio, haya el ruido que haya,
es tal en mi cabeza
que escucho susurrar y hasta soñar
a ese juego de ajedrez bien orquestado.
Enorme. Elevado. Pesado.
Y no digo nada más en todo el día,
pero vayan mis ojitos infantiles
hasta los pies de Las Meninas.

Mejor

Voy a cuidar tu descanso,
voy a ser también silencio.
Quiero tener tu voz propia
sin buscarla en la tiniebla.

Yo soy tan arcoiris como tormenta,
pero voy a cuidar tu piel, tu casa, tu sueño.
Pasaré de puntillas por donde seas centro,
vigilaré en la distancia y no más valles.

Dejaré que la paz llegue a tu puerta
sin decir ni una palabra
y estaré despierta.

Quitaré a cada frase mil letras,
crearé la ley de pureza
y te daré solo lo que haga que crezca
esta situación ni éxito ni derrumbe.

Interior

Ha sido un camino corto
comparado con el dolor soportado.
Gracias a quien me dio la mano
y sufrió conmigo las cargas.
Pero esto es una cosa mía
conmigo misma y mi sombra
que a veces finge ser yo
y usurpa mi trono y mi reino.

Voy a concentrarme
en tres o cuatro cosas,
serán suficientes,
serán respetables
y habrá una base
para edificar armisticios.

Tumbada sobre hierba
la tierra me palpita,
me quiere para ella
y no discuto.

Ábreme la puerta, Gloria,
porque vuelvo a casa.

Puntos de sutura

Tratar conmigo
no va a llenarte de certezas,
de afirmaciones claras,
de noches de sueño plácido.

Hacer conmigo negocios
no te saldrá caro,
pero no te dejará sensación de opulencia y calma.

Yo, que ni sé si mañana tendré esta misma cara,
no puedo ofrecer un producto empaquetado y etiquetado.

Si cambio de nombre,
no por maldad, no por veleta,
sino porque me es imposible ejercerlo de forma sincera
más de unos cuantos días.

Y si temes no saber
quién estará tras la puerta
no debes preocuparte:
siempre soy yo
de diferentes partes hecha
y tan bien mezclada
que apenas verás
los puntos de sutura.

Niebla

Y finalmente, sí,
entre la espesura de los pensamientos
aparecen enredadas tantas cosas
que me cuesta urdir el plan o la estrategia,
la buena acción del día,
el cambio amable que será camino.

Y a pesar de ver las rocas en la orilla,
de saber que destrozarán el barco,
de tener por cierta la amenaza,
no puedo sino seguir maravillas
que me encuentro entre las aguas turbulentas.

Pero también, sí,
sabemos que la oscuridad en un faro
dura solo hasta la próxima vuelta.

Corredores de fondo

Se necesitaron algunas cosas
para volverte a la vida.
La conjunción de los astros
el año que me salvé del desastre.
Un eclipse de tormento
que crucé de puntillas.
Una idea que te cruza mientras dices “y si…”
Un dolor en el pecho mientras bebo té y espero.
Que la vida se abriera paso de la forma más antigua.
Que el mundo se parara para que habláramos.
Todo ese casi nada irrepetible
para volverte palabras.
Y un torrente de recuerdos
se precipita entre una música lejana
y un latido conocido
y los cuido
como ese jardín donde creces,
como esa casa que no visitas y te duele.

Estas son mis manos,
estos mis oscuros
y acá las luces si también las quieres.
Esta vez sin puntos ciegos,
que nadie espere en los rincones.
Que la alegría también sea
una palabra puesta tras otra
como ladrillos de un castillo
sin dragón ni princesa.

Y si no saliera
sufriré un instante
seguido de todos.
Y una verdad necesaria
te verá alejarte
sabiendo que espera otra vida,
también hermosa,
pero también sin ti.

Reconocerás mis ojos
muy posiblemente
más cansados,
más audaces.
Y lo nuevo, quién sabe,
podrá decepcionarte.
Y si aún te quedas
el aire se abrirá paso
y serás bienvenido
con menos abriles,
solo algún septiembre
y todos los mayos.

Espuma

Espuma Gloria Gil

Después de tanto tiempo
seguía en mi cabeza
una barahúnda de palabras con sentido.

Resuena, resuena
el ingenio que hubo
y en cualquier lugar surge y sale
imparable ese pájaro que anidará, quién sabe,
en tu pecho, en mi falda.
Casi, casi asoma por la garganta,
aprendo a hablar,
a sentir con el nacimiento del cabello,
no contengo y digo
“no guardar, sé, sustancia, aparecidos”.

Y cojo papel, lo que me den los dioses
y anoto para siempre
(que bien pudiera ser nunca)
todo este agolpe de letreros
que has descorchado
y yo me he bebido.

El juego

Me gusta tanto jugar
que me creí un juego.

Tiene tanto valor cualquier reto
como una promesa y un abrazo.

Me gusta tanto jugar
que creí en las reglas
y pensé que todos queríamos
echar una partida.

Y me dio igual no tener demasiada suerte
ni pensé en ser afortunada en otras cosas.

Me bastaba esa inquietud, pies por delante,
con la que lanzaba dados e interrogantes.

Y me dio igual que el juego terminara.
Me quedé tan tranquila allí inventando
y sabiendo sin dolor, sin amargura,
que no soy un poco más yo misma
cuando me estáis mirando.

Clave

Tenía una guitarra que tocaba como diestra
Imagina la pelea, así con todo.
O normal o nada.
Y normal no era una etiqueta ni un traje,
eran los clavos de un ataúd gigante.
O normal o nada, me empeñaba.
Aún sabiendo que mataba
a un león a pedradas.

Pero eso o el fuego,
eso o la sangre,
eso o la estrella
más grande que cupiera en mi pecho
y pudiera aniquilarlo todo.

Y por fin normal o nada.

No busquéis a nadie de esos días,
la fábrica cerró,
las ruinas ya son polvo.
No volvió a llamar aquella chica.
Si sois delicados y os hacéis su sombra
escucharéis tal vez sus pasos
en un caracoleo de órgano de Bach,
en la libertad de una cornisa recortada contra el cielo,
en el plácido y decadente olor de las higueras.

Bases

El primer tornillo de la torre Eiffel.
Mis hijos al nacer.
La palabra paz. La palabra sol.
Un trébol en el asfalto.
Semillas de orquídeas.
Condensadores de coltán.
Niños mineros de coltán.
Las termitas.
La vida del subsuelo.
Bellotas que crecen robles.
Una gota de agua en el desierto.
El comienzo de la vida.

Pequeño, apenas visible.
Rotundo. Terminante.
Tan grande como queramos
hacerle a esto justicia.

Ni péndulo, ni centro

Yo no llego nunca,
yo transito en un movimiento
constante y gerundio,
ni péndulo, ni centro.
No soy, estoy
como el agua que hoy es río
y mañana será lluvia, nieve, alud o niebla.
Ni pertenece a la montaña ni a la piedra.
Yo no acabo de llegar, no hay meta
que me haga detenerme.
No tengo que parar,
escribir una lápida,
poner un solo rostro a mi cuerpo.
Y dentro de mí misma
estoy quieta y en silencio.
Así que, igual que el agua,
me es más fácil devolver
solo un reflejo.

40°45’47.9″N, 4º3’25.4″W

Así he vivido yo, con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

Luis Rosales

Cuando muera, si es que muero
(está aún por ver la cosa)
no quiero cenizas,
no quiero tapias, ni muros de lamentaciones,
ni siquiera palabras,
ni siquiera un momento.

Solo edificios de recuerdos si son sanos.
Que me tengan en la mente, ya sabéis,
aquellos que me rodearon,
esos que son lo único valioso que yo tuve,
separados, de uno en uno,
yo en el centro de varios,
por fin protagonista,
por fin todos juntos, ellos
construirán la leyenda que fui
con aquel grito al cielo
que no saqué fuera nunca.
Pero saben, cada uno su detalle.

Que tengan en cuenta que fui ratón de campo.
Que escribí menos cuando estaba viviendo
y no viví nada cuando estaba creando.

Ya no seré o seré todo,
poco importa
porque podré dormir al raso,
podré por fin decirte lo que pienso,
nunca jamás ya tendré miedo,
aunque poco o nada ya me asusta,
(tampoco tendré orgullo,
qué descanso).

Si puede ser, que me pinten buena,
no sé si tal como era, que hagan trampa
si es preciso.

Que se rían todos mientas lloran
las cuatro cosas que eran mías:
(uno) las canciones que bailé a solas,
(dos) la mano que siempre tendí hasta que no pude,
(tres) la luz de las siete de la tarde,
(cuatro) mis pasos en el mirador Luis Rosales.

Caléndulas

Cuánto tiempo ahorrado
si hubiera dicho que quiero, abiertamente, un poco de descanso.

Pero no todo siempre es triste,
ni siquiera lo triste es triste.

También está la calle que baja de Antón Martín
y las risas de aquellos.

Y las caléndulas que planté
que regalaron todo lo que ellas pueden.

Y toda la ayuda que presté,
que hubiera sido más eficiente
si en vez de esconderme entre volutas y ruido
se hubiera ofrecido con
Las. Palabras. Claras.

En el amor y en la vida

Me pregunta mi hijo
qué cosas no me gustan.
Contesto: la injusticia.
No le digo: los ciclos de la luna.
Después quiere saber
qué cosas me apasionan.
Le digo: el chocolate, el té, las flores,
las palabras, las historias,
la música, el silencio.
Me olvido y me arrepiento: tus abrazos.
Quiere saber si creo en Dios.
Respondo: todo el mundo cree
de forma irracional y absurda en algo.
Los dioses o el dinero.
Por mi parte yo tengo
fe ciega y sin dudarlo
en el amor y en la vida, hijo,
en el amor y en la vida.

Semillas

Todo lo que me daba miedo
fue un camino.

Volverme loca.
Me subí a los bancos a gritar por mi vida.
Y me reía.

Estarme sola.
Patee el horcajo de abajo a arriba.
Y dije no a quien quiso acompañarme.

Cuidar a otros.
Fundí mi tiempo con su fiebre.
Y estuve cansada y receptiva.

Ser feliz.
Y dije sí.

Las respuestas que quise saber
las traía enganchadas en las botas
para que fueran trasladadas y plantadas
unos cuantos metros de años tarde.

Y todo lo que me daba miedo
me siguió guiando.

Indiscutible

Indiscutible, Gloria Gil

El tazón de realidad que estoy tomando
no me sabe más amargo que otras veces.
Ni más pesado, ni indigesto
que recibir la noticia indiscutible
de estar viviendo los cortos años de mi vida
en una cueva donde la salida
será solo de emergencia.

Apartando las trazas de lo que no importa
finalmente es nutritiva cualquier cosa.

Y aquí estamos, aquí, ahora,
recibiendo soledad y menos tristeza.

Dopamina

Dopanima, Gloria Gil

Tuve el tiempo,
no supe usarlo.

Se me fueron las riquezas en lamentos,
ropa perdida y neuronas
por escuchar a hologramas.
Y no creíste en lo que se quedaba
cuando te estaban esperando
sin que quisieras verlos.
Fuiste diciendo yo puedo,
comiéndote uno a uno a cada socio.
Y era un túnel sin final
por donde pasaron los trenes más huecos.

Tengo el día,
sabré aparcar la dopamina
y escuchar a tiempo.

Trauma. Tara. Y todo lo demás.

Trauma. Tara. Y todo lo demás. Gloria Gil

Soy un trauma que empezó hará ya cien años
con mujeres que se casan enfadadas
y se alejan de unos sueños que disculpan.

Soy un trauma que siguió hijo tras hijo,
donde selección natural era billete
que bien se pagaba a la vida
o te acercaba a la muerte
con su ausencia.
Fotos de boda sin sonrisa y mirada al frente.
Hombro contra hombro,
nunca codo con codo.

Soy el trauma de los hombres que dormían
vestidos por la noche y esperando
que una bomba no los descuartizara.
Y soy el pánico callado.
Y toda la lejía que limpió las emociones
para que no se notara
que se habían sentido cosas
más que prohibidas.

Y tras la puerta de los traumas,
bienvenidos a la cocina de las taras.

Este miedo a que se vayan los fantasmas,
este vacío y todo aburre.
Pinchar hasta sentir algo.
Explotar burbujas de dolor, ver qué pasa.
Gritar al que calla.
Perdonar al que mata.

Pero que no os engañe
todo este menú de hipotenusas:
soy todo lo demás
además de eso.

La medida de la altura

Siempre me atrajeron las alturas
porque siempre me atrajeron las caídas
y los suelos
y los golpes.

Y flotar cuando tus piernas tiemblan
y pensar que si te lanzas qué curioso.

Vivir en un alambre caminando entre dos torres
fue la opción hace no tanto tiempo.

Cuando llega el momento inevitable
de dejar el equilibrio
y pisar lo que llaman tierra firme
que no es tan tierra, ni tan firme, ni tan evitable.

No por el miedo a caerte, que da igual la altura
si está asegurada la caída.
Sino por dejar en paz la idea
de tirarte de cabeza.

Inquebrantable

Inquebrantable Gloria Gil

Bendigo la falta de fuerza
que te deja exhausto
con cabeza gacha
y sin intereses
porque te evita muchos quebraderos
y algún abuso que otro
en nombre de tu ingenio
y tu inquebrantable fortaleza.
Tú que puedes con todo,
que ni enfermo evitas,
que no cuidas de cuidarte,
el día que te falle
esa tensión que te gastas
podrás sentarte y curarte
y hacer justicia contigo.