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Ya no quiere comer

Mantener esa superficie de agua sin ondas
en forma de sonrisa que no sea forzada,
anegar el lateral del cuerpo manteniendo seco
el centro, ardiente, árido, erosión sin cese.

Seguir iluminando para que no se vean las pelusas, seguir
contestando paciente a todos los acuses de recibo.
No sacudir la cabeza demasiado fuerte,
no se deshaga el peinado,
perseguir a un pajarito que va dos pasos por delante.

Contener en el almacén de la fábrica
todas las lágrimas que se convierten en cemento,
prohibido el derroche,
seguir arando, arañando el surco
con un eterno pensamiento de semilla que no es.

Porque hay un pajarito que tiene hambre,
pero ya no quiere comer.

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¿Es tan grave?

¿Es tan grave?, me pregunto
a menudo sintiendo un sol que no merezco.

¿Es tan grave saber que alguien te espera y no para acusarte?

¿Es tan grave componer una vida alrededor de la dicha?

Conseguir que tus manos ya no sean hierro y piedra,
¿es tan grave?

Celebrar que el día viene
y no te duele demasiado el arquetipo.

Es tan grave. Solamente
nos queda aceptar cuarenta horas,
vigilar el precio de la carne,
vivir en lo asequible sin plegaria,
no agravar lo inadecuado,
ser otro mismo.

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Neolítico

Fui una pequeña
litificada con risas.
Fui a disgusto y siempre sola.
Fui juegos y personificaciones.
Fui insomnio.

En el principio
la piedra no era piedra. No existía
el granito, ni el sílex, ni mineral alguno.
Todo era aire o vida,
venas, pan.
Y la piedra un día
plantó su discordia.

Fui creciendo solo en cuerpo. Quise
palabras, obtuve ruido. Quise
silencio, gané oscuros. Quise
buscar, conseguí malos pensamientos.
Y todo en mí se fue calcificando.

La piedra nueva construyó cuerpos
indestructibles y perfectos.
Inmortales cuerpos de roca
que dejaron obsoletas a las córneas blandas y miopes.
El cielo era gris primario,
el suelo, blanco.
Todo por hacer,
todo acabado.

Me ofrecieron amor,
lo rechacé orgullosa,
pues supe desde los pies
que no iba a ser para siempre
y eterno significa poco para un monte.
Picoteaba en grupos de dos o tres
y practiqué la conversación monológica.
La lluvia erosionaba algunas ruinas.

Fue nacida la piedra, nadie
sabe su origen verdadero, nadie
se lo preguntó nunca.
Era algo que estaba y era
necesitado más que amado
y existían solo dos o tres esencias,
pero el polvo dio matices
y amor no era lo que habíamos creído
y tuvo muchos nombres.

Me perdí un poco a cada rato
dejándome caer cual sábana limpia.
El martillo no pudo conmigo,
me vencieron las miradas, las caricias.

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Hoy ya todo es distinto

Hoy ya todo es distinto.
El foco que ilumina el proscenio
se apaga, pues la obra
termina y conviene
que vayamos a casa con la cabeza baja.

Hoy ya todo se acaba.
De la cena quedan sobras, platos sucios;
de la fiesta, confeti tirado ya sin ganas.

Ayer la voz asomando en las rendijas,
hoy silencio de atmósferas presentes.

El espacio que cupo entre mis manos que sujeta
agua, suspenso, irrealidades,
termina hoy, pena de muerte
a la ilusión que tuve
cuando me nombraste.

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No sé si te has fijado

No sé si te has fijado,
pero en cada casa a la que vamos
la gente charla, pregunta por la madre. Y yo
sonrío, acepto ese intercambio, pero siempre
acabo por buscarte, cerca cerca,
olvidarme de los otros,
estarme entre tus brazos.
Y da igual que nadie más repita el gesto,
y da igual que quizá ya no haya edad para esas cosas.
Sin pensarlo sigo siendo aquella chica
localizando tu mirada en cualquier fiesta.
Te requiero esa defensa innecesaria,
demuestro al mundo lo que soy,
lo que seremos.

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Cuando quieras

No voy a pagar yo tus platos rotos,
vajilla heredada, copas quebradas,
por no tener riñones para esto.

No voy yo a arreglar este estropicio,
el precio del veneno que me bebo,
la alfombra donde escondes lo visible.

No voy a desclavar estos puñales
para que tú los guardes de recuerdo.
Me llevo estas heridas a mi casa,
te invito a visitarlas cuando quieras.

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Casi todo había cambiado

Casi todo había cambiado.

Había
pequeños aros iluminando.
Había
ondas y no rayos esparciendo su nombre.
Había
pocos centímetros libres entre las embajadas.
Estaban
los sonidos no saliendo de las cuevas, sino
de gargantas preparadas para un banquete.
Estaban
las ganas de velocidad, aún contenidas, pero
calmando para beber bajo las palmeras.
Estaban
volando ideas que podían permitirse
escapar para ser olvidadas para siempre sin resolver.

De lo que hubo se hizo cuenta así deprisa:
esta es la deuda, envía recibos y acabemos.

De lo que habrá nadie sabe nada todavía.
Será el periódico de la mañana, última hora.
Será la línea divisoria que atraviese.
Ojalá, tal vez será
la tabla lisa que tanto se esperaba.

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El miedo. Tu risa

Quebrar el equilibrio, fina lámina
sujetaba esta felicidad de saberte.
Tan sencillo como ese batir de alas de mariposa
que destroza no sé qué puerto allá al ocaso.

Circunstancias.
Que enfermara alguien.
Una rotación inesperada en el trabajo.
Atascos, siempre atascos.
Llamadas en las horas menos oportunas
(o sea, cuando yo te necesito).

La guerra es ese día en que no llega
la noche en la que esperas desquiciado.

Demasiado bonito para ser cierto,
juego donde faltan piezas.

Un vínculo termina desgarrado,
un vínculo que nunca será fuerte
si lo que une es el miedo con tu risa.

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Bum. Zas

Es ridículo a veces ponerme ahí
justo delante
y decirte que te quiero.
Porque se pierde la letra exacta
y me enfada que solo entiendas
las superficies.
Así que pego patadas, bum, zas,
y puñetazos,
muerdo como el cachorro mal adiestrado
que un día fui.
Y entonces sí, te quiero en serio,
cuando todo esto
parece broma.

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Vivir conmigo

Vivir conmigo es ajustar la realidad cada mañana,
saber que hay que hacerla cada día.
Encontrar hebras de lana por el suelo,
quizá jersey, quizá lamento, lo que toque.
Ver una ventana abierta, saber seguro
que el cristal o bien refleja o no muestra
lo que un cristal debe enseñar al otro lado.
Vivir conmigo es calendario y fecha fija
siempre por determinar, pasado que vuelve.
Oír el mar en una caracola
que dejó el agua hace ya miles de años.
Sentirse solo
cuando mi piel es demasiado fina,
inundado de mí
cuando yo soy el regalo.

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Eres refugio, eres la trampa

Eres refugio, eres la trampa,
eres la planta que no crece tan deprisa
como mi impaciencia hubiera deseado. Los deseos…
Eres el no, bajorrelieve, eres
la desespera,
ocasión posible,
un casi llega.

El inocente al que se absuelve a toda costa,
agradecer apenas nada, cuatro cosas,
las migajas de una vida normalita
y que espero medicina.

Eres un tiempo que no existe,
una casa que se empieza sin los planos,
la sexta cuerda que se rompe si la rasgas,
lo que espero a pesar de la carencia,
lo que sé que salvará mi biografía.

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Papel color aburrimiento

Si habremos perdido la inocencia
que os veo a todos no exactamente viejos o cansados,
solo con ojos no sabios de experiencias,
sí sabedores de que el horror existe
y habitó entre nosotros.

No hay cuchillas agudas mordiendo esta tela.
Es peor.
La ola que nunca volverá a darte miedo,
la vuelta de todo y el menú hecho.

«Lo he visto», has dicho.

A partir de aquí ya todo existe.
A partir de aquí veo arrugarse
el último papel amarillo, lento,
sin que yo pueda ya escribir en él
otro capítulo.

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El puente

(A propósito de 1910, de Federico García Lorca)

Yo quise diseñar montañas rusas,
hacer crecer jardines, pánicos y ritos,
cuidar campos de trigo, alimentar terneros,
recibir de la tierra una fuerza
poderosa, eterna, mortal y saturada.

Yo quise besar el viento y que el viento devolviera
ni con pasión, ni con esa prepotencia
con la que a veces dejamos
entre labios y pared.
Tallar miles de años
en rocas del camino,
saber que cuando muera
todo quedará ahí.

Yo quise saltar la comba
mientras las niñas cantaban,
aquellos ojos míos,
tal vez de dos mil diez,
que tuve que cruzar, cortocircuito,
de puente a puente
en un tablero de juego
con reglas de código móvil.

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Una pequeña victoria

Van a deshacerse por completo
como un papel bajo la lluvia
algunas de las cosas más preciadas que tenía.
Que lo más valioso
no deja de ser sensible a desaparecer.
Gracioso hasta decir llanto.
Y recordar y recordar y recordar
que no va a suceder, que no ocurrirá
ni el milagro, ni el ascenso. Que los deseos
no se cumplen aunque te concentres,
que ahí solo seguirá la atmósfera
aplastando nuestros cuerpecitos.
Toda esa energía encontrará su casa.
De momento me sobran suficientes horas
para que no me quede ninguna.
De momento necesito
una pequeña victoria.

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Aquellas tardes

Recuerda aquella vida
de tardes empolvadas,
signos que abrazan nada y la ventana
devolviendo siempre igual cuatro estaciones.
Lo único a lo que podías aspirar era a ese timbre
que sonaba cada algo y te decía
sin palabras
qué guapa que estás hoy, qué maravilla
saberte aquí a mi lado, hagamos algo.
Y nada ha cambiado desde entonces,
el mismo interrogante que abre y cierra,
pero ahora,
ahora ya tienes tu respuesta.

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La caverna

Cuando dejas de seguir todas las sombras
proyectadas en el ras de la caverna
ves lo que hay, no siempre hermoso,
ves lo que hay, con mil defectos,
ves lo que pueden dar de sí tus propios ojos
y dejas de buscar en cada hueco
porque ya estaba lo exacto y riguroso,
no una aproximación de lo que pudo.

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Cuanto toca

Estoy pensando en mí
como pienso yo en ti,
como una construcción amplia, no difusa,
difícil de encontrar y de entender,
continua y ajustada
que tan pronto se escapara,
pero vuelve para proponer un juego, una apuesta fuerte.
Yo sé que tú ya eres.
Ahora voy a crecer yo de este
mantillo fértil, del amor, del número correcto.

Y llegarán, llegarán los días
también de frío y yo te abrigo.

Porque eres lo que eres
y nada menos,
nada menos que un día que no mengua.
Porque eres tú me habitas
y me calas sin fractura.
Porque eres un saludo que no se esperaba
y acelera cuanto toca.

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Tantas veces te tuve nunca

Tantas veces te tuve nunca.
Tantas veces cogí tu mano ninguna,
aquí, justo a mi lado,
te miro cuando escucho cristales, sonrío
al vacío que deberías ocupar,
imagino
que estás, que das
la vuelta a esa palabra que te lanzo.
Tantas veces agarré nada,
tantas veces construí la azotea sin cielo,
que ya soy incapaz de distinguir
la verdad de la cuenta pendiente.

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Quién lo sabe

Es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

Lope de Vega

De dónde vienes, en quién te encuentras,
cuál es tu plato de la balanza,
si sobrevives de viento o de tierra.

Qué ramo de perspectivas estamos manejando,
qué cimiento juega a ruina,
qué trampa de trébol deshojado.

Cuándo será la venida, el llano,
en qué hora he de esperar con mi lámpara encendida,
en qué camino sales a mi encuentro,
con qué dios, dime si lo sabes,
con qué dios estamos apostando.