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A la fuerza

No te conozco y por eso
me extraña verte aquí siempre presente
con unos ojos tranquilos y expectantes.
Me dejas notas: qué hacemos ahora.
Te sientas a mi lado: hola todo el tiempo.

No sé si me gustas poco o nada
porque has venido de un lugar
propio y ajeno,
de la rotura,
de la bonanza,
para decirme que ya no puedo ser
quien siempre había sido
entre mis sábanas de altura y rasante.

Me has robado todos mis accidentes,
me has prohibido todas mis amenazas,
mis gritos tan míos,
mi manera de caminar a trompicones
por este mundo que no entiendo,
pero que tan bien queda puesto en la pantalla.

No te conozco de nada,
pero aquí estás
diciéndome que ahora
tenemos que ser amigas a la fuerza,
un poco a tu pesar, bastante al mío.
Que no me tienes miedo, aunque tus dudas.
Que algún día fallas y todo al traste, pero aguantas.
Yo, la que carga la lata de gasolina;
tú, la que sonríe escondiendo las cerillas.

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